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Con el frío llegan las contracturas

El invierno es terreno abonado para la aparición de contracturas. ¿Por qué? Pues porque cuando las temperaturas bajan, y el frío aprieta, una reacción natural, casi instintiva, es la de encogernos (sobre todo si no estamos muy abrigados). Al hacerlo, contraemos nuestros músculos de forma involuntaria, y así se favorece la aparición de espasmos y calambres que aumentan su tensión y rigidez. Las contracturas son contracciones exageradas de la fibra muscular. A diferencia de, por ejemplo, los calambres musculares, no son involuntarias, y tardan mucho más tiempo en desaparecer.

Pueden producirse de de forma mecánica como reacción al frío, y provocar lumbalgia u otro tipo de dolores intensos en la espalda. A veces esas molestias se extienden a las extremidades inferiores originando una sensación de hormigueo o entumecimiento.

Al salir a la calle con poco abrigo, hacemos que nuestros músculos adopten malas posiciones durante largos periodos de tiempo, con lo que se intensifica la aparición de esas contracturas. Una sintomatología intensificada en pacientes con artritis o fibromialgia.

El tratamiento del dolor muscular de tipo mecánico por contractura consiste en la administración de analgésicos, antiinflamatorios o incluso relajantes musculares, con el apoyo de la fisioterapia y un reposo activo. Los síntomas también pueden aliviarse con aplicación de calor mediante una almohada eléctrica, bolsas de agua caliente o métodos similares.

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Retomar la rutina del ejercicio tras los excesos navideños

La Navidad termina, y por lo general suele dejar tras de sí unos cuantos kilos de más y ese desasosegante sentimiento de culpa, sobre todo en las personas más deportistas. Urge retomar la rutina del ejercicio físico, aunque hay que tener cuidado: no debemos ceder al ansia de recuperar el terreno perdido, ya que podemos incurrir en la precipitación y desencadenar lesiones.

En primer lugar, la vuelta a la actividad después del periodo navideño siempre tiene que ser algo placentero, y nunca impuesto. Nuestro cuerpo se ha acostumbrado a comer y beber más de la cuenta, así que un primer paso es el de reducir la ingesta de alimentos. Pero no con respecto a los días de Navidad, sino a los ‘normales’. La dieta ligera ayudará a que volvamos a sentirnos del mismo modo: ligeros.

El retorno de los ejercicios se realizará de forma suave y progresiva, sin tratar de recuperar enseguida lo perdido en las dos semanas de excesos. Conviene planificar con antelación la primera semana de actividad física, sin dejar lugar a la improvisación. Los esfuerzos deben ser ligeros, y en ningún modo debemos saciar a las primeras de cambio nuestro ‘apetito’ de ejercicio. En el caso de que hayamos comenzado el año con sobrepeso, se podría plantear un calendario de pérdida de kilos a largo plazo. Por ejemplo, un kilo al mes: al tiempo que normalizas el consumo de calorías respecto a la Navidad, aumentas el gasto, con lo que la pérdida de peso está casi asegurada.

A la hora de planificar el entrenamiento, hay que distribuir los periodos de carga y de descanso: a los días de carga les ha de seguir un periodo similar de descanso para recuperar las energías perdidas, y que el organismo se adapte mejor al esfuerzo. Así, se pueden organizar semanas de carga progresiva, hasta llegar a la semana de impacto, que será la más dura. Después vendrá una semana de ajuste, o de descanso activo.

Por ejemplo, un tipo de planificación puede ser tal que así:

  • En la primera semana se realizarán tres sesiones de ejercicios con un ritmo llevadero.
  • En la segunda pasaremos a cuatro sesiones. Una de ellas será más intenso.
  • En la tercera semana mantendremos el mismo número de sesiones: dos de ellas (normalmente el segundo y el cuarto) con una intensidad más elevada.

Y, como premisa siempre presente: tener paciencia y no dejarse llevar por el ansia de recuperar en poco tiempo el terreno perdido.

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La mitad de los enfermos neuromusculares son grandes dependientes

Algo más de la mitad de los españoles afectados por alguna enfermedad neuromuscular son grandes dependientes. Es decir, presentan un Grado III de dependencia, según datos aportados por la Sociedad Española de Neurología (SEN) con motivo del Día Nacional de las Enfermedades Neuromusculares, que se celebró el pasado día 15 de noviembre. La razón es que las personas que sufren este tipo de patologías “ven afectadas su motricidad, autonomía, respiración, la función cardíaca o la nutrición”, en palabras de Gerardo Gutiérrez, coordinador del Grupo de Estudios de las Enfermedades Neuromusculares de la SEN.

El informe señala que dos de las patologías más prevalentes en este ámbito, como con la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y las distrofias musculares, destacan entre las principales causas de discapacidad en España. Además, el 20% de las enfermedades raras se corresponden a patologías neuromusculares hereditarias.

El estudio destaca que más de 60.000 personas padecen una enfermedad neuromuscular en España. La edad de inicio, el curso evolutivo y el grado de discapacidad no es común a todas las patologías, aunque casi todas ellas son crónicas y progresivas. Dos de sus principales características son la pérdida de fuerza muscular y la degeneración del conjunto de los músculos y de los nervios que los controlan. Todo ello provoca “que los afectados vean disminuida su capacidad funcional y, con ello, su autonomía personal para realizar las tareas cotidianas”, sostiene Gerardo Gutiérrez.

El experto subraya la importancia del abordaje terapéutico a través del “control de la sintomatología, la prevención de complicaciones, como eventos cardiovasculares graves o letales, medidas de soporte ventilatorio o nutritivo, fisioterapia dirigida o de corrección ortopédica de secuelas, que pueden ser fundamentales para la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes” y que debe ser multidisciplinar para prevenir y reducir su impacto funcional.

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5 consejos para prevenir el dolor lumbar

El dolor de espalda y, sobre todo, el que afecta a la zona lumbar, es una de las principales causas de bajas laborales en todo el mundo. La falta de tiempo y el acelerado ritmo de vida que llevamos nos conduce a olvidar una serie de simples reglas que pueden evitar la aparición de esta dolencia. Estas son algunas de ellas:

  • Si estamos sentados: la silla nos debe permitir apoyar los pies en el suelo. Debemos ajustar la columna al respaldo, de forma que la silla nos debe permitir mantener las curvas normales de la espalda. Hay que evitar las posturas forzadas, así como estar inclinado. Si trabajamos frente a un ordenador, este debe encontrarse en línea recta, a la altura de los ojos, o ligeramente por debajo. Debemos poder apoyar los antebrazos en la mesa y mantener los codos flexionados algo menos de 90º. Y, fundamental, no permanecer más de dos horas sentado en la misma posición. Es recomendable levantarse o dar un pases como mínimo en ese intervalo de tiempo. O bien hacer ejercicios de relajación y estiramiento.
  • Al permanecer de pie: si bien para la columna es bueno caminar, no lo es estar de pie inmóvil. Si no hay más remedio, debemos intentar utilizar un escalón que nos permita flexionar una pierna, cambiado el peso de forma alternativa. Es una buena medida preventiva para ciertas situaciones de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, al planchar. Otras dos acciones que suelen genera dolor son hacer la cama y asearse. En el primer caso, se recomienda hacerla flexionando las rodillas y acercándonos lo más posible. Si se hace entre dos personas, mucho mejor. En el aseo también nos arrimaremos todo lo que podamos al lavabo para no tener que flexionar demasiado la columna lumbar cuando por ejemplo nos lavamos la cara o los dientes.
  • Cuando conducimos: El asiento ha de amoldarse a la columna y debemos conducir con los brazos y piernas ligeramente flexionados. El respaldo tiene que estar casi vertical (80º) con un ángulo de visión adecuado por encima del volante.
  • A la hora de levantar y transportar objetos pesados. Lo mejor, claro está, es evitar estas acciones. Pero si se hace, es mejor doblar las rodillas que la columna lumbar, manteniendo los pies separados para tener una mejor base de sustentación. Los pesos se deben transportar pegados al cuerpo, manteniéndolos lo más cerca posible al centro de gravedad del mismo. Muy importante, es mejor empujar que arrastrar, y mejor arrastrar que cargar. Por eso es preferible que los niños lleven los libros a clase arrastrando un carrito o maleta con ruedas a una mochila colgada del hombro.
  • El deporte: nos ayuda a mantener nuestra forma física. Es importante practicarlo a cualquier edad, eso sí, adaptándolo a nuestra situación corporal y de salud. En general todo son buenos, pero aunque algunos son mejores que otros para la espalda. El más recomendado es andar, sobre todo por zonas llanas. Los deportes que mejor nos vienen para prevenir las lesiones lumbares son aquellos de flexibilización y tonificación. Especialmente el yoga, Tai Chi, o Pilares. Relajan y liberan tensiones en la espalda, potenciando la musculatura de manera progresiva. Deben evitarse, eso sí, los ejercicios que produzcan dolor. Por su parte, la natación potencia y relaja la musculatura. Son recomendables los estilos ‘croll’ y la espalda, no el mariposa y braza.
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Detectar de forma precoz la dislexia a través de las capacidades auditivas

Hoy día casi el 10% de la población mundial padece algún tipo de dislexia, el trastorno cognitivo que dificulta la lectura. Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la comunidad médica a la hora de tratar esta disfunción es su diagnóstico tardío. Aún hoy para saber si un niño es disléxico hay que esperar a que cumplan los nueve años de edad.

Esto podría cambiar, ya que un estudio publicado por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) en la revista científica Frontiers in Psychology viene a demostrar la relación que existe entre la capacidad de los niños para aprender a leer y su capacidad auditiva. De esta manera sería posible detectar el riesgo de dislexia en una edad aún temprana, y desarrollar programas de entrenamiento y paliación de dificultades lectoras con antelación.

La investigación concluye que la capacidad de los menores para escuchar y procesar el lenguaje hablado es clave a la hora de aprender a leer. Así, los niños que no son capaces de procesar adecuadamente las ondas de frecuencia baja -acentos, tonos y entonaciones del lenguaje- presentan más dificultad a la hora de decodificar correctamente los fonemas y las palabras. Una circunstancia relacionada con la capacidad lectora y sus posibles trastornos asociados.

Los investigadores del centro vasco creen que midiendo las capacidades auditivas de los niños desde una temprana edad se puede saber si estará expuesto a presentar algún problema con la lectura y, en consecuencia, a desarrollar dislexia. Además, se pueden desarrollar antes de los 9 años entrenamientos basados en la prosodia y los ritmos del lenguaje, y problemas de paliación de dificultades lectoras. Todo ello con la mirada puesta en mejorar las habilidad lectora del menos y evitar posibles futuros trastornos.

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Codo de tenista: lesión muy frecuente, pero poco conocida

El codo de tenista es una lesión bastante habitual, de la que se oye hablar con frecuencia. Pero realmente no sabemos con exactitud por qué se produce, en qué consiste, y cómo se trata esta dolencia de original denominación.

-¿En qué consiste el codo de tenista? Se trata de una lesión crónica de codo. La más habitual de ellas. Su denominación médica es epicondilitis, y como el propio sufijo ‘-itis’ indica, se trata de una inflamación, en este caso del epicóndilo, que es el relieve en la parte externa del codo. El músculo más afectado es, normalmente, el extensor radial corto de carpo, que es el encargado de extender y abucir la mano. Además, también es el que supina el antebrazo. Esto es, lleva el dorso de la mano hacia arriba y hacia afuera, y rota el antebrazo para que la palma de la mano mire hacia arriba.

-¿Cómo se produce? Por un (mal) uso reiterado de esa musculatura. El sobreesfuerzo daña el tejido conectivo y surgen las microrroturas, que son las que dan paso a la inflamación. La mayor parte de las lesiones de codo de tenista se producen por el trabajo del antebrazo en posiciones forzadas o comprometidas.

-¿Cuáles son los principales síntomas? El principal, un dolor en la zona externa del antebrazo, a la altura del codo. Ese dolor es duradero, no intermitente, y se siente también -aunque de manera menos intensa- a lo largo del antebrazo. Tendrá lugar cuando se estira la musculatura -por ejemplo, la extensión del codo, la pronación y flexión de muñeca-, y cuando se contrae contra resistencia -mover el dorso de la mano hacia el techo al tiempo que se gira el antebrazo de forma que la palma de la mano mire hacia arriba, y se mueve ésta hacia afuera-.

-¿A quiénes afecta más? A esta dolencia se le ha denominado codo de tenista porque estos deportistas son los más propensos a sufrirla, debido a los movimientos que han de realizar en la práctica de ese deporte: en el revés o el saque se realiza una flexoextensión obligada de la muñeca. Pero no son los únicos, por supuesto, que la sufren. El perfil de afectado por la epicondilitis es el de una mujer, mayor de edad, con trabajo de oficina y con antecedentes de problemas en el manguito rotador (tendones del hombro). Además, las mujeres son las que durante más tiempo sufren esta lesión.

-¿Cómo se trata? Ya que se trata de una lesión de origen inflamatorio, la primera medida de tratamiento será la aplicación de hielo cuando empiecen a aparecer los síntomas. Luego, como tratamiento normalizado, se empleará el calor. Un segundo paso será el descanso. También se recomienda el uso de antiinflamatorios (no esteroideos), bien sea mediante aplicación tópica (geles y cremas) o por ingesta. Todo esto se complementará con la fisioterapia, la aplicación de láser y ultrasonidos, y la rehabilitación mediante ejercicios y estiramientos progresivos.

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Fascitis plantar: qué es, causas y tratamiento

La fascitis plantar es una lesión por sobreuso originada por un exceso de estrés en el pie, por anomalías biomecánicas, o por ambas a la vez. Es la causa más común de dolor en el talón. Sucede cuando el ligamento fibroso de la fascia plantar -una especie de goma que se suelta y se contrae con el movimiento- a lo largo de la parte inferior del pie origina desgarros en los tejidos, lo que a su vez produce dolor e inflamación. Las causas de su origen pueden ser variadas, y dependen en gran medida de factores posturales, genéticos y ambientales.

Aparece frecuentemente cuando la persona se excede al correr, saltar o realizar otras actividades físicas. Por eso afecta en gran medida a hombres jóvenes y deportistas. Pero también a mujeres de mediana edad con sobrepeso. Los factores de predisposición más comunes son la edad, la obesidad, la carga de peso excesiva, un calzado inadecuado, o tener los pies planos o cavos.

Los signos y síntomas de una fascitis plantar son el dolor, que puede aparecer de forma lenta y paulatina, o de repente tras una actividad intensa. En un principio puede tratarse de un dolor difuso y de difícil localización, pero que posteriormente se localiza fácilmente bajo el talón. A veces el dolor se puede extender hasta el arco del pie, e incluso en ocasiones hasta los dedos.

El dolor y la rigidez aumentan cuando se camina después de levantarse de la cama, o después de estar sentado durante un largo tiempo. Es el síntoma más común de la fascitis plantar. También es frecuente que el dolor sea mayor con la flexión dorsal de los dedos del pie (cuando se mueven hacia arriba), estando de puntillas, o cuando subimos escaleras.

Si no se trata (o no se hace correctamente) una fascitis plantar leve se puede convertir en un problema crónico. E incluso puede modificar nuestra forma de caminar, u originar tensiones en otras partes del cuerpo (rodilla, cadera, espalda…). Tanto el tipo de tratamiento como el tiempo de recuperación pueden variar en función del cuerpo de cada persona. Pero lo primero que hay que hacer es aparcar la práctica deportiva momentáneamente.

Uno de los posibles tratamientos es el de la artesis. Se trata de un dispositivo que se introduce en cualquier par de zapatos y a menudo puede aliviar el dolor y ayudar a revertir el daño. Por su parte, el uso de un talón de silicona para suavizar y proteger el apoyo en el suelo puede ayudar a aliviar el dolor, pero no cura la fascitis.

Algunos especialistas aconsejan dormir con una férula que mantenga el pie en flexión dorsal. Y durante el día se recomienda estirar los gemelos y el sóleo, puesto que la retracción de estos músculos es una de las causas de la inflamación.

Si otros tratamientos no han dado resultado, se suelen aplicar otros más invasivos, como la inyección de corticoesteroides que reduzcan el dolor en la zona. Sin embargo, esta solución podría debilitar la fascia plantar. También se puede recurrir a la terapia con ondas de choque, para estimular el tejido dañado. Y, en última instancia, la cirugía se revela como la última opción de quienes sufren esta enfermedad en su forma más grave.

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El dolor crónico, una lacra contemporánea

Quizá no afecte aún a demasiadas personas, pero el dolor crónico es una lacra que condiciona la vida de todas ellas. Las incapacita para desarrollar hasta las tareas más sencillas. Les dificulta el descanso, con lo que ello supone de pesada mochila para el transcurrir de sus vidas. Puede llegar a incidir además en sus relaciones personales (amigos, familiares, la pareja, etc.) y derivar en un caso de aislamiento. Muchas veces porque el enfermo se siente incomprendido por los que le rodean. Se calcula que aproximadamente un 20% de los españoles padece algún tipo de dolor crónico.

El dolor crónico afecta a cualquier parte del cuerpo: espalda, cuello, cara, articulaciones de las rodillas, las manos, etc. No es sencillo detectar cuándo alguien lo padece. Pero hay más o menos un consenso a la hora de señalar que existe dolor crónico cuando se sufre desde hace más de tres meses. Pero determinar su origen es una tarea ardua en muchas ocasiones. Puede que ni los médicos ni las pruebas diagnósticas más avanzadas den con la causa. Porque el dolor crónico es una enfermedad en sí misma y no un síntoma.

No hay un criterio común, ni para su diagnóstico ni para su tratamiento. A veces aparece sin más, como de repente y sin aparente justificación. En otras ocasiones puede responder a una lesión traumática, como alguna caída o golpe. O a causa de un cáncer, e incluso una operación quirúrgica o un tratamiento médico. A veces simplemente aparece con la edad.

Los médicos se ven, en ocasiones, impotentes a la hora de controlar el dolor, y acaban recurriendo a la que, hoy por hoy, es la manera más fiable de abordar el problema: las Unidades del Dolor, donde trabajan médicos especialistas que cuentan con formación específica y herramientas necesarias para un tratamiento individualizado y multidisciplinar, que puede incluir soluciones farmacológicas, técnicas quirúrgicas y hasta una modificación de los hábitos y estilos de vida.

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Consejos para mejorar la circulación de las piernas

El verano es la época en la que se intensifica la insuficiencia venosa crónica, un mal que, según el Capítulo Español de Flebología, afecta a casi uno de cada tres adultos en España. Pesadez, cansancio de piernas, son los síntomas que avisan de una deficiente circulación de la sangre en las extremidades inferiores. Con el calor, las venas se dilatan más de lo habitual, lo que deriva en una mayor concentración de sangre y retención de líquidos en las piernas.

Son síntomas que, si bien no representan una grave amenaza para la salud, sí que repercuten de forma negativa en la calidad de vida de la persona afectada. Incluso puede llegar a ser incapacitante. La manifestación más común de estos síntomas son las varices, que no son sino dilataciones y alargamientos de las venas. ¿Qué se puede hacer para mejorar la circulación de la sangre en las piernas y aliviar todos esos problemas? Aquí van una serie de consejos:

-No permanecer de pie o sentados durante mucho tiempo. Si no queda más remedio, bien sea por trabajo o porque necesitamos hacer un largo viaje, intentaremos mover constantemente pies y piernas. Y si es posible, levantarse del asiento y caminar unos minutos.

-Mantener las piernas arriba en la medida de lo posible. En los días de mucho calor es recomendable elevarlas al mediodía, y también por la noche, cuando llegamos a casa. Y si se puede, dormir con las piernas levantadas unos centímetros.

-Ducharse en lugar de bañarse. Alternar las duchas no excesivamente calientes (que el agua no supere los 38 grados) con chorros fríos en las piernas ayudará a activar la circulación. Y una vez hayamos acabado, nos daremos agua fría en las pantorrillas (siempre en sentido ascendente) con el fin de aliviar la sensación de pesadez.

-Masajearse piernas y tobillos. Lo podemos hacer mientras permanecemos tumbados, con un gen frío, y de manera ascendente (de los pies hacia la rodilla).

-Mantener la piel bien hidratada. Después de la ducha aplicaremos crema hidratante (o cualquier otro tipo de loción) con suaves masajes.

-Seguir una dieta equilibrada, rica en fibra, ya que el sobrepeso y el estreñimiento son enemigos de una buena circulación sanguínea. También conviene reducir al mínimo la ingesta de sal -así retendremos menos líquidos-, ingerir abundante agua y, por supuesto, nada de alcohol y tabaco.

-No usar ropa demasiado ceñida, especialmente en las épocas calurosas, ya que pueden dificultar el retorno venoso desde las piernas hasta el corazón.

-Hacer ejercicio, siempre de forma moderada. Lo mejor para la circulación de las piernas es la natación o el caminar, sin desdeñar otras formas de actividad física como la bicicleta o la gimnasia. Incluso el baile.

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La robótica mejora la recuperación de los pacientes con ictus

Es cierto que no hay nada como el calor y el apoyo que brinda un ser humano, pero también lo es que la tecnología puede ser de gran ayuda en la recuperación de pacientes con determinadas dolencias. Por ejemplo, aquellos que se rehabilitan de un ictus asistidos por una acción conjunta de robots y fisioterapia tienen más posibilidades de caminar de forma independiente. Así se puso de manifiesto en el  Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (Sermef), que celebró hace escasos meses su edición número 55.

Estas nuevas tecnologías surgen con la finalidad de desarrollar terapias que consigan una mayor recuperación funcional de las personas afectadas por déficits neurológicos.

En palabras de Enrique Sainz de Murieta, especialista en Medicina Física y Rehabilitación del Complejo Hospitalario de Navarra, “no se trata de sustituir a los terapeutas humanos, sino de permitir más y mejor terapia, complementando la terapia habitual personalizada y única con terapeuta y paciente, con una terapia asistida con robot, en la que los profesionales siguen manejando la máquina, cambiando sus parámetros y adaptándola a las respuestas del paciente”.

Esta terapia, añade Sainz de Murieta, está dirigida a pacientes de alta complejidad, en los que hay que optimizar el balance entre los riesgos y los beneficios. Por eso, asegura que “es el especialista en medicina física y rehabilitación el que debe realizar la indicación de los diferentes parámetros”.

¿Y cuáles y cómo son estas máquinas que ayudan a la recuperación del paciente? Los más frecuentes son las máquinas que ayudan a caminar, tales como los exoesqueletos con los que andar sobre el suelo -con el apoyo de un terapeuta-, o el tapiz rodante en suspensión. Además se han desarrollado ingenios para el tratamiento de las manos y el brazo. Pero uno de los campos más desarrollados, según los expertos reunidos en el congreso, es el de los exoesqueletos para miembros inferiores. En este área han destacado proyectos españoles, como los del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para lesionados medulares o niños con parálisis cerebral.

Estas terapias -o al menos algunas de ellas- dan la oportunidad de sincronizarse con la realidad virtual para mejorar la motivación del paciente gamificación. Es decir, la técnica de aprendizaje que traslada la mecánica de los juegos al ámbito educativo-profesional para conseguir mejores resultados. Con la ventaja de que “algunas máquinas sensorizadas y programables pueden variar sus respuestas dependiendo del estímulo que reciben, de manera que se adaptan al comportamiento del paciente e, incluso, pueden aprender”, sostiene Sainz de Murieta.

Eso sí, los expertos aclaran el efecto de la rehabilitación después de un ictus dependerá de la cantidad de rehabilitación. Es por eso que muchos servicios de rehabilitación han incorporado la terapia de realidad virtual (TRV) para aumentar el tiempo de terapia, de forma que se aumenta la extensión del tratamiento de forma segura, tanto a nivel de ingreso como ambulatorio.

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